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Gregor Mendel, Henry Morton Stanley, Louis Pasteur, Boris Yeltsin, Jerónimo, Concepción Arenal, Thomas Alva Edison, Sissí, Ricardo I Corazón de León, Isabel I de Inglaterra, Guillermo I el Conquistador, Edén Pastora, Calígula, Caballo Loco.
Si eres mi amigo, ponte de pie ante mí y esparce la gracia que hay en tus ojos.
Safo de Lesbos o de Mitilene (cerca de 650/610 a. C. - 580 a. C.), poetisa griega de la época arcaica.
En la conformidad de las voluntades consiste la verdadera amistad.
Querer las mismas cosas y no querer las mismas cosas, esa, en el fondo, es la verdadera amistad.
Cayo Salustio Crispo (86 a. C. - 34 a. C.), historiador romano.
El amigo que no es capaz de recordar, en un momento difícil, una o dos cosas que nunca han pasado, no vale más que el amigo que no sabe olvidar nada.
La amistad es como el dinero, mucho más fácil de hacerlo que de mantenerlo.
Samuel Butler (1835 - 1902), escritor, compositor y filólogo inglés.
La amistad, como el amor, es destruida por largas ausencias, aunque puede ser acrecentada por interrupciones breves.
Samuel Johnson (1709 - 1784), poeta, ensayista, biógrafo y crítico literario inglés.
El amor es como una flor; la amistad es como cuidar un árbol.
Samuel Taylor Coleridge (1772 - 1834), poeta, crítico y filósofo inglés, fundador del Romanticismo.
Ante todo debéis guardaros de las sospechas, porque éste es el veneno de la amistad.
San Agustín (354 - 430), obispo de Hipona y Padre de la Iglesia latina.
La amistad que se puede acabar, nunca fue verdadera.
San Jerónimo de Estridón (h. 340 - 420), Padre de la Iglesia latina.
¿Qué valor tiene una amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que busca una recompensa? ¿No sería obligatorio aceptar al amigo desleal de la misma manera que aceptamos al abnegado y fiel? ¿No sería justamente la abnegación la verdadera esencia de cada relación humana, una abnegación que no pretende nada, que no espera nada del otro?
Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa, ningún galardón. No idealiza a la persona que ha escogido como amiga. Conoce sus defectos y la acepta. Esto sería el ideal. Ahora hace falta saber si vale la pena vivir, si vale la pena ser hombre sin un ideal así. Y si un amigo nuestro se equivoca, si resulta que no es un amigo de verdad, ¿Podemos echarle la culpa por su carácter, por sus debilidades? ¿Qué valor tiene una amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes?
Esa peculiar correspondencia de las vocaciones, de las simpatías, de los gustos, de los aprendizajes, de las emociones ata a dos personas y les asigna un mismo destino.
Sándor Károly Henrik Grosschmid de Mára (1900 - 1989), novelista, periodista y dramaturgo húngaro.